Uno de los problemas recurrentes en Europa es el montante de la deuda pública y del déficit público. Dos magnitudes importantes, posiblemente menos de lo que parece, y que han hecho que la contabilidad pase a ser uno de los elementos centrales de las actividades públicas. Ocurrió hace poco cuando se incluyeron prostitución, tráfico de drogas  y juego no autorizado en el PIB y hoy está ocurriendo con Grecia, en donde parece que se dice que hay más deuda de la que realmente hay, ya que se está haciendo una lectura incorrecta -políticamente interesada, sin duda, para perjudicar al Gobierno de Tsipras-.

Que la contabilidad de diseño tiene unos efectos contables directos no hay más que verlo en este ejemplo. Más allá de la opinión que nos produzca que actividades ilegales (tráfico de drogas y juego no autorizado) o alegales (prostitución) entren en el PIB: refleja cómo la Unión Europea se enfrenta a un problema creado por ella misma, el cumplimiento de los criterios de estabilidad presupuestaria: modulando sus reglas para dar un resultado más positivo. En España, de la noche a la mañana, el PIB ha subido un 2,6% y la deuda pública se ha reducido en 2,5 puntos sobre el PIB.

El gran problema es que no es algo nuevo.

De entrada, hubo mucha permisividad cuando dos de los principales países europeos tuvieron problemas, Francia y Alemania. En estos casos, no se puso en funcionamiento el procedimiento de déficit excesivo que marca el propio Tratado.

En segundo término, son conocidas las trampas a las que se recurrieron cuando se creó la moneda única para incluir al mayor número de países. Grecia, asesorada por Goldman Sachs -donde estaba Draghi, Presidente hoy del Banco Central Europeo- a la operación, es un caso dramático por las consecuencias para la economía europea (recordemos algo familiar: el pánico que provocó en Europa la crisis griega provocó el volantazo de Zapatero en 2010).

Durante años, en la época de bonanza, se jugó mucho a la hora de computar en la deuda y el déficit algunas operaciones costas. En efecto, se cambiaron las formas de contratar  por los entes públicos para que la construcción de infraestructuras no computara en la parte negativa del balance. Esto explica que se crearan las sociedades estatales de obras públicas o el impulso europeo al Public Private Partnership (PPP) para construir infraestructuras. Lo curiosoes que la Oficina Estadística de la Unión Europea, Eurostat, aprobó un Manual para determinar cómo computaba cada operación. La dificultad que tenían los PPP y las sociedades mercantiles públicas hizo que sacaran un capítulo especial para explicar cómo había que hacer operaciones para que no computaran.

Dos ejemplos ilustran la gravedad de lo señalado: creando una sociedad mercantil con ciertas condiciones, sus gastos salían de contabilidad nacional. El dinero que el Estado aportaba al capital social -que servía para pagar las obras- tampoco se consideraba gasto computable. Tomando un ejemplo de los PPP: si los poderes públicos otorgaban un derecho de superficie y encomendaban la construcción y alquiler de un edificio; los pagos no computaban para el déficit y la deuda … a pesar de que había que pagarlo (lo que seguimos haciendo ya que son contratos a largo plazo). Daba igual lo que costara, lo relevante es que no computara en contabilidad nacional. Como se puede ver, la solvencia de las cuentas dejaba bastante que desear.

Lo anterior se rodeó de cierto glamour entre despachos de abogados y consultoras que vieron cómo se dedicaban a la última de las bellas artes: la contabilidad de diseño y la ingeniería jurídico-financiera. Sólo cuando se “hacía mal” (como le ocurrió al dimitido Gallardón, siendo Presidente de la Comunidad de Madrid, con MINTRA) aparecía un problema. Pero Eurostat no era muy riguroso. Si lo hubiera sido, buena parte de los problemas que hubo en las concesiones de autopistas y que tanto nos han costado, no hubieran ocurrido.

Hoy es menos glamuroso pero bastante peor. De entrada porque es imposible saber cuánto suponen realmente prostitución, tráfico de drogas y juego ilegal en actividad económica. Lo que se ha plasmado es una mera estimación, lo que hace que los cálculos del PIB sean aún menos fiables. ¿Sabe acaso el lector que Grecia lo hizo en 2006 y bajó 20 puntos de golpe su deuda pública para maquillar las cuentas? Todos contentos, había que pagar lo mismo pero se acercaba más a los criterios de convergencia. De salida porque no es admisible que una actividad alegal o ilegal que ni genera IVA, ni IRPF ni se puede ejercer pueda entrar en el PIB.

El problema es que Europa, en el fondo, es consciente de que la política de austeridad no hace posible bajar ni déficit ni deuda. Saben que tampoco se puede recurrir a la inflación para rebajar el valor real de la deuda, porque el mandato monetarista que tiene el Banco Central Europeo lo impide. La solución, la única, es recurrir de nuevo a cambiar los criterios contables para maquillar unas cuentas que están colapsando la economía europea. Aunque para ello incluyan algo que es incontrolable, cuánto se gasta en prostitución o tráfico de drogas o timbas ilegales.

El problema es que las autoridades europeas siguen aferrados a la austeridad y no abordan los problemas reales de la economía, recurriendo, por el contrario a trucos que encubren la realidad (la deuda hay que pagarla y se incrementa año a año mientras siga habiendo déficit). Y mientras, la ciudadanía sigue desarmada. También estos días hemos conocido que en dos años se han reducido 2200 millones de euros la cuantía destinada a servicios sociales mientras la pobreza sigue aumentando. La excusa es el déficit público. Ya hemos visto cómo se ha aplicado. Para servicios sociales ni la austeridad ni la contabilidad creativa da solución.